El niño está sentado cerca del centro y mira hacia fuera. El peluquero ocupa gran parte de la derecha con la espalda azul y los brazos levantados. Uno sentado y otro de pie, uno frontal y otro vuelto, sus cuerpos establecen una relación inmediata. Una bicicleta se apoya en diagonal contra la pared izquierda y la rueda trasera de otra aparece al otro lado. La mirada del niño abre por un instante la escena de trabajo a una presencia inesperada.
Long organiza la imagen con gris apagado, rojo ladrillo, rosa desvaído y azul de ropa laboral. La pared, el pavimento y las telas parecen expuestos al sol y al uso. La bata azul forma la masa más nítida y la capa rosa recoge el cuerpo pequeño. La piel, los zapatos y los recipientes esmaltados reciben un modelado cuidadoso, mientras ladrillos y piedras conservan texturas frotadas.
El cartel forma parte esencial del entorno. Sus caracteres chinos anuncian “peluquería para mujeres y hombres”, “permanentes y tinte” y “servicio a domicilio”, una lista directa que corresponde al equipo modesto de la calle. Long pinta con frecuencia la vida vernácula y sus rituales cotidianos. El adulto sigue trabajando mientras el niño mira directamente más allá del cuadro. La infancia aparece en la mirada directa, la capa demasiado grande y el entorno práctico de la peluquería callejera.