Un amplio cielo amarillo crema ocupa la parte superior de la pintura, sobre formas montañosas superpuestas en azul violeta. En el borde inferior se agrupan formas verde azulado oscuro, interrumpidas cerca del centro por una marca blanca vertical. El cielo presenta curvas largas y poco pronunciadas, además de relieves de pintura; su extensión clara conserva movimiento incluso donde apenas cambia el color. Debajo, las zonas azul lavanda atraviesan el ancho del lienzo. Los bordes de azul más intenso ascienden en pequeñas puntas y descienden en hondonadas redondeadas, formando un ritmo repetido e irregular. Toques finos de amarillo y rosa apagado separan algunas partes del campo superior claro de las formas frías que quedan debajo.
La zona verde inferior es más compacta, con marcas curvas y amplias a la derecha y una franja oscura casi horizontal a la izquierda. Sobre ese fondo, la marca blanca destaca con claridad. Sus bordes entrecortados y sus trazos estrechos descendentes introducen una dirección distinta de las bandas que recorren la zona superior. La composición se articula mediante esos cambios de escala: un campo superior extenso, formas intermedias superpuestas y una base oscura comprimida. Las montañas siguen siendo reconocibles, aunque no se describen por separado rocas, edificios ni vegetación. La superposición de planos oscuros y claros crea profundidad, mientras los relieves y curvas del empaste mantienen visible la superficie pintada.
Las series dedicadas por Yang Fuxu a la tierra rural parten de una observación cercana de su textura; en otras obras lleva las formas naturales hacia una mayor síntesis. Aquí conserva la superposición y el ritmo de las montañas y elimina detalles descriptivos. El lugar permanece en las capas de color, su peso material y la caída blanca del centro.