La luz de la mañana cae sobre un río sinuoso que se abre desde la derecha y gira hacia la izquierda. Blancos plateados y grises azulados ocupan el centro, interrumpidos por lenguas irregulares de barro, piedras y pequeñas charcas. Una franja densa de árboles sostiene la orilla opuesta y una colina baja se atenúa bajo el cielo claro. La alternancia de agua y terreno describe con precisión el curso poco profundo.
La pintura espesa construye piedras y tierra mediante marrones, negros, grises y ocres, con toques amarillo verdosos entre las sombras. Sobre el agua, pinceladas más largas y pequeños acentos blancos mantienen vivos los reflejos. Los árboles reciben marcas cortas y compactas; colina y cielo se resuelven con capas más finas. El cambio entre la ribera áspera, el cauce luminoso y la distancia suavizada transmite a la vez humedad y relieve.
Xu Peng ha dedicado buena parte de su obra a pueblos, montañas, nieve y tramos de la Gran Muralla en el norte de China. Este motivo exige mantener creíbles el cauce y las orillas, pero también dejar que el reflejo cambie con cada pincelada. Al reservar la máxima claridad para el agua, enfrenta la luz pasajera con el peso de la tierra todavía oscura.